LA FRONTERA LÍQUIDA

El Río Suchiate se convierte en la frontera líquida: aquí se divide México de Guatemala, al menos en lo político y geográfico. Aquí, en este punto convertido en paso obligado de miles de migrantes centroamericanos y caribeños en busca del sueño americano, se cruza no sólo una franja imaginaria, sino también una sutil línea entre conceptos socioeconómicos “norte” y “sur”.

La pobreza, el contrabando de mercancías, el trabajo infantil, el cruce ilegal de migrantes son algunos de los problemas más preocupantes de esta región olvidada durante cientos de años por los gobiernos de ambos países. En medio de una aparente violencia normalizada, los habitantes fronterizos hacen lo que sea necesario para sobrevivir en uno de los cruces migratorios más importantes del continente.

En esta frontera, las dinámicas de trabajo y control tienen su propio sentido. Acá, lo improbable es uso y costumbre; las normas y las leyes se diluyen en al agua que divide un continente y dos naciones. Cruzar este río tiene muchos significados, depende en qué dirección se haga: si es de norte a sur o de sur a norte, si es de día o de noche; depende de la nacionalidad y el color de piel que las personas tengan; cruzarlo de un lado a otro puede puede significar vida o muerte.

”La frontera es líquida”, se diluye entre sueños y recuerdos que navegan el Río Suchiate. Esta franja inventada llena de vida y comercio parece esconder lo que gira alrededor de ella, como sumergiendo ante ojos ajenos e intromisores que no terminan de comprender la complejidad y encanto de este lugar donde la frontera para muchas y muchos simplemente no existe.